Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn NOS PERSIGUEN
—¡Adelante! —dijo la mujer.
Entré. Dijo ella:
—Siéntate.
Lo hice. Me miró de pies a cabeza con sus ojuelos brillantes. Preguntó:
—¿Cómo te llamas?
—Sarah Williams.
—¿Dónde vives? ¿En la vecindad?
—No, señora. En Hookerville, siete millas más abajo. He andado todo el camino y estoy que no puedo más.
—Y también estarás hambrienta, sin duda alguna. Te buscaré algo.
—No, señora; no tengo hambre. TenÃa tanta que tuve que pararme dos millas más abajo, en una casa de labranza; de modo que ya no tengo hambre. Por eso llego tan tarde. Mi madre está enferma y no tiene dinero ni nada, y yo he venido a decÃrselo a mi tÃo Abner Moore. Vive en la parte de arriba de la población, según dice mi madre. Yo nunca habÃa estado aquà hasta ahora. ¿Le conoce usted?
—No, pero aún no conozco a nadie. Apenas hace dos semanas que estoy aquÃ. La parte de arriba de la población está muy lejos. Mejor será que te quedes aquà a pasar la noche. QuÃtate el sombrero.