Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Mary Williams.
No sé por qué me pareció que no habÃa dicho Mary antes, de modo que no alcé la cabeza. Me parecÃa que habÃa dicho Sarah; por eso me sentà muy apurado y tal vez lo pareciera también. Pensé, ¡ojalá dijera algo más esta mujer! Cuanto más rato estaba callada, más intranquilo me ponÃa. Pero ahora dijo:
—Querida, creà que habÃas dicho que te llamabas Sarah.
—SÃ, señora; sà que lo dije. Sarah Mary Williams. Mi primer nombre es Sarah. Algunos me llaman Sarah; otros me llaman Mary.
—Ah, es asÃ, ¿eh?
—SÃ, señora.
Me sentÃa un poco más aliviado, pero de todas formas hubiera preferido estar fuera de la casa. Aún no podÃa levantar la cabeza.
Bueno, pues la mujer se puso a hablar de que se pasaban unos tiempos muy duros, y de la pobreza con que tenÃan que vivir, y de que las ratas se paseaban como Pedro por su casa, con la misma tranquilidad que si fuesen las dueñas y otras cosas por el estilo, y entonces volvà a sentirme más tranquilo.