Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pasábamos todas las noches por delante de poblaciones, algunas de ellas construidas en las negras laderas de las colinas, que parecían una cama suntuosamente iluminada: no se podía ver ni una casa. La quinta noche pasamos San Luis y era como todo el mundo iluminado. En San Petersburgo solían decir que había veinte o treinta mil personas en San Luis, pero yo nunca lo creí hasta aquella silenciosa madrugada, a las dos, en que vi la maravillosa cantidad de luces. No se oía ni un sonido allí; todo el mundo dormía.

Ahora, saltaba todas las noches a tierra, a eso de las diez, en algún pueblecito medio dormido, donde compraba diez o quince centavos de harina de maíz o de tocino, o de alguna otra cosa para comer. Y a veces levantaba algún pollo que no estaba excesivamente cómodo en su percha y me lo llevaba. Papá siempre decía: «Coge un pollo siempre que se te presente la ocasión, porque, si no lo quieres tú, no te ha de ser difícil encontrar a alguien que lo quiera, y jamás se olvida una buena acción». Nunca he visto la ocasión en que papá no quisiera el pollo para él, pero de todos modos eso es lo que acostumbraba a decir.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker