Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Eh!… ¿quién es? ¿Dónde está? Que me ahorquen si no oà algo. Bueno, pues ya sé lo que voy a hacer: me sentaré quieto aquà hasta que vuelva a oÃrlo.
Y se sentó en el suelo entre Tom y yo. Se apoyó de espaldas a un árbol y estiró las piernas hasta que una de ellas casi tocó una de las mÃas. Empezó a picarme la nariz. Me picó hasta hacerme llorar. Pero no me atrevÃa a rascarme. Después empezó a picarme por dentro. Luego sentà que me picaba por debajo. No sabÃa cuánto tiempo podrÃa estarme quieto. Esta sensación duró seis o siete minutos, pero parecÃan muchos más. Ya me picaba en once sitios distintos. Calculé que mi capacidad de resistencia tocaba a su fin, pero apreté los dientes y me preparé a probar. En aquel momento, Jim empezó a respirar trabajosamente; luego se puso a roncar, y entonces ya no tardé en sentirme cómodo otra vez.
Tom me hizo una seña —una especie de ruido con la boca— y nos alejamos a rastras. Cuando nos hubimos apartado unos diez pies, Tom me habló en un susurro. QuerÃa atar a Jim al árbol para divertirse, pero yo me opuse. PodrÃa despertarse y armar una trifulca, y entonces descubrirÃan que yo no estaba en casa.