Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Echó un saco de algo en la embarcación, después saltó él dentro y se sentó. Era Packard. Después salió Bill y subió al bote. Packard preguntó, en voz baja:
—¿Listo?… ¡Lanza amarras!
Apenas podÃa sujetarme a las persianas, tan débil me sentÃa. Pero Bill dijo:
—Espera… ¿le has registrado?
—No. ¿Y tú?
—No. Asà pues, aún tiene su parte de dinero.
—Oye… ¿no se imaginará lo que queremos hacer?
—Tal vez no. Pero de todas formas tenemos que recoger ese dinero. Vamos.
Asà que salieron del bote y entraron en el camarote.
La puerta se cerró sola, de golpe, por ser aquel el lado hacia el que estaba escorado el vapor, y medio segundo después ya estaba yo en el bote y Jim se metió tras de mÃ. Saqué la navaja, corté la amarra y nos alejamos.