Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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—Pues nos pusimos a gritar y todo eso, pero es tan ancho el río por allí que no nos pudimos hacer oír por nadie. Yo era el único que sabía nadar, de modo que lo intenté y la señorita Hooker me dijo que, si no encontraba ayuda antes, que viniera aquí y buscase a su tío, y que él lo arreglaría.

»Toqué tierra a una milla más abajo de aquí y he estado perdiendo el tiempo desde entonces, pues no he podido conseguir que la gente hiciera algo; me decían: “¡Cómo! ¿En una noche como esta y con semejante corriente? Sería estúpido. Ve al vapor de pasajeros”. Ahora, si usted fuera y…

—¡Maldito si no me gustaría! ¿Y quién demonios va a pagar el gasto? ¿Crees tú que tu papá…?

—Oh, no ha de preocuparse por eso. La señorita Hooker insistió en que su tío Hornback…

—¡Santo Dios! ¿Es tío suyo él? Escucha, tú corre hacia esa luz de allá, tuerce al oeste cuando llegues y, al cabo de un cuarto de milla adelante, encontrarás una taberna. Diles que te acompañen a donde vive Jim Hornback y él pagará la cuenta. Y no te entretengas por el camino, porque él querrá saber la noticia. Dile que su sobrina estará fuera de peligro, y sana y salva, antes de que él tenga tiempo de llegar a la población. ¡A correr ahora! Voy aquí a la esquina a despertar a mi maquinista.


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