Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn De pronto apareció el vapor de pasajeros, de modo que me dirigí al centro del río en línea oblicua, siguiendo la corriente, y cuando juzgué que no me podían ver, descansé sobre los remos y vi cómo husmeaban entre los restos del naufragio buscando el cadáver de la señorita Hooker, porque el capitán comprendería que su tío Hornback desearía que fuera recogido. Al poco rato el vapor se dio por vencido y viró en dirección de la costa. Yo empecé a manejar los remos y salí disparado río abajo.
Me pareció que tardaba una infinidad en aparecer la luz de Jim y, cuando pude divisarla, me pareció que estaba a mil millas de distancia. Cuando logré darle alcance, el cielo comenzaba a volverse gris por oriente, de modo que nos dirigimos a una isla, escondimos la balsa, hundimos el bote, nos acostamos y dormimos como los muertos.