Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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El que aún no se convenza de que es una imprudencia tocar una piel de serpiente con la mano después de todo lo que nos hizo pasar la dichosa piel, se convencerá de ello en adelante si sigue leyendo y se entera de las demás cosas que nos hizo.

Los sitios donde pueden comprarse canoas son las balsas que están atracadas a tierra. Pero no vimos ninguna balsa atracada, de modo que seguimos adelante durante tres horas más. Bueno, pues la noche se volvió gris y espesa, que es la peor cosa después de una niebla. No se puede distinguir la forma del río ni se puede ver muy lejos. Se hizo muy tarde. Luego salió un vapor que viajaba río arriba.

Encendimos la linterna y pensamos que la advertiría. Cuando iban río arriba, los vapores no acostumbraban a acercarse a nosotros; marchan por el centro, siguen las barras y buscan agua fácil al pie de los arrecifes; pero, en noches como aquella, avanzan por la corriente contra todo el río.

Lo oímos avanzar, pero no lo vimos hasta que estuvo muy cerca. Nos enfilaba de lleno. Eso lo hacen a menudo para ver cuánto pueden arrimarse sin tocar la balsa. A veces, la rueda de paletas muerde un remo y se lo lleva y el piloto saca la cabeza para reírse y se cree la mar de listo.


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