Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después dijo el viejo que esperaba que no me importaría que me registrasen para ver si llevaba armas, porque no lo hacía con mala intención, solo era para estar seguro. De modo que no me registró los bolsillos. Solo me palpó someramente con las manos y dijo que estaba bien. Me dijo que hiciera como si estuviese en mi casa y les contara algo acerca de mí, pero la anciana dijo:

—¡Por Dios, Saul! ¡Esa pobre criatura está calada hasta el tuétano! ¿Y no se te ocurre que puede tener hambre?

—Tienes razón, Rachel… Me olvidé.

De modo que la anciana dijo:

—Betsy —esta era una negra—, ve a buscarle algo de comer tan aprisa como puedas, pobre criatura, y una de vosotras, muchachas, puede despertar a Buck y decirle… Oh, aquí está Buck, llévate a este forasterito, quítale la ropa mojada y ponle ropa seca de la tuya.

Buck parecía ser de la misma edad que yo: trece o catorce años, o algo así, aunque era un poco más grande. Llevaba solamente puesta una camisa y traía la cabeza desgreñada. Entró bostezando y frotándose los ojos con un puño, y con la otra mano arrastraba la escopeta. Dijo:

—¿No hay ningún Shepherdson por ahí?

Dijeron que no, que había sido una falsa alarma.

—Bueno —dijo él—, pues si hubiera habido alguno, me parece que me habría cargado a uno de ellos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker