Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Había un piano pequeño y viejo a la vez, que debía de tener cacerolas dentro, y no había nada tan delicioso como oír a las jovencitas cantar «El último eslabón se ha roto» y tocar en él «La batalla de Praga». Las paredes de todas las habitaciones estaban enyesadas y la mayoría tenían alfombras en el suelo y toda la casa estaba encalada por fuera.
Era una casa doble, y el espacio grande, abierto, que había entre las dos tenía techo y piso y allí ponían la mesa a veces al mediodía, y era un sitio fresco y cómodo. Nada podía ser mejor. ¡Y cuidado que eran buenos los guisos! ¡Y además abundantes!