Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Eso es obra de las penas, Bilgewater; las penas tienen la culpa. Las penas pusieron estas canas y esta prematura calvicie. Sí, caballeros, aquí ven ante ustedes, vestido de cutí azul y en plena desventura, al errante exiliado, pisoteado y doliente rey legítimo de Francia.

Bueno, pues empezó a llorar y a desesperarse de tal manera que Jim y yo apenas sabíamos qué hacer de tanta pena que nos daba y de lo contentos y orgullosos que estábamos de tenerlo con nosotros también. De modo que tratamos, como habíamos hecho con el duque, de consolarle a él.

Pero dijo que era inútil. Solo la muerte y acabar con todo de una vez podía hacerle bien alguno; aunque dijo que a menudo experimentaba algún alivio y se sentía mejor por un momento, si la gente le trataba como correspondía a su derecho, hincando una rodilla en tierra para hablarle y llamándole siempre «Vuestra Majestad» y sirviéndole a la hora de las comidas y no sentándose hasta que él diera su permiso.

De modo que Jim y yo nos pusimos a majestearle y a hacer esto, lo otro y lo de más allá por él y a quedarnos de pie hasta que él nos daba permiso para sentarnos. Esto le alivió muchísimo y se puso alegre y se sintió la mar de cómodo. Pero entonces pareció que se agriaba el duque y que no estaba ni pizca de satisfecho con el cariz que tomaban las cosas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker