Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Sin embargo, el rey le trató muy amistosamente y le dijo que el bisabuelo del duque y todos los demás duques de Bilgewater habían merecido muy buen concepto de su padre y que se les permitía ir a palacio con frecuencia. Pero el duque continuó poniendo mala cara un buen rato hasta que, por fin, el rey dijo:
—Seguramente tendremos que vivir juntos mucho tiempo en esta balsa, Bilgewater, conque, ¿qué se saca con agriarse? Solo servirá para hacer difícil la situación. No es culpa mía si no he nacido duque, ni es culpa suya si no ha nacido rey, de modo que, ¿a qué preocuparse? Sáquese el mayor provecho a las cosas tal como le vienen a uno, digo yo… ese es mi lema. No está mal que nos hayamos encontrado aquí. Abundante comida y una vida fácil. Vamos, venga esa mano, duque, y seamos todos amigos.
El duque tendió su mano y Jim y yo nos alegramos mucho de verlo. Toda la tensión se desvaneció y nos sentimos encantados, porque habría sido una lástima que hubiese enemistad a bordo de la almadía. Lo que uno necesita, por encima de todo, en una almadía, es que todo el mundo esté satisfecho y se sienta bien y bondadoso hacia los otros.