Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Se hizo silencio para escucharle.
—Nos han tomado el pelo… Nos lo han tomado de mala manera. Pero no nos interesa ser el hazmerreÃr de todo el pueblo y que no nos dejen olvidar este asunto hasta que nos muramos. No. Lo que nos interesa es salir de aquà tranquilamente, alabar la función y ¡hacer que le tomen el pelo al resto del pueblo! Asà estaremos todos en el mismo caso. ¿No es eso lo más sensato?
—¡Sà que lo es!… ¡El juez tiene razón! —contestaron todos.
—Bien, pues entonces ni una palabra de la tomadura de pelo. Id para casa y aconsejad a todo el mundo que venga a ver la tragedia.
Al dÃa siguiente en todo el pueblo no se hacÃa más que hablar de lo magnÃfica que era la función. El local se llenó por completo y volvimos a tomarles el pelo del mismo modo a los espectadores. Cuando el rey, el duque y yo regresamos a la balsa, cenamos todos, y después, a eso de medianoche, hicieron que Jim y yo sacáramos la balsa y la hiciéramos descender por el centro del rÃo y la atracáramos y escondiéramos cosa de dos millas más abajo de la población.