Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »No diré que los nuestros sean unos corderillos, porque no lo son, si profundizamos un poco; pero no son nada en comparación con ese carnero. Lo único que yo digo es que un rey es un rey y hay que ser compasivo. En general, son una cuadrilla de cuidado. Es la forma en que les crÃan.
—Pero es que este huele como el mismÃsimo demonio, Huck.
—Con todos pasa lo mismo, Jim. Nosotros no podemos remediar que un rey huela asÃ. La historia no nos dice ninguna manera de hacerlo.
—El duque, por ejemplo, es un hombre bastante simpático en algunas cosas.
—SÃ, un duque es diferente. Pero no muy diferente. Este es de bastante cuidado para ser duque. Cuando está borracho, no hay miope capaz de distinguirle de un rey.
—Sea como fuere, malditas las ganas que tengo de tener más, Huck. Estos son todo lo que puedo soportar.
—Lo mismo me pasa a mÃ, Jim. Pero los tenemos aquà y hemos de recordar lo que son y ser comprensivos. A veces me gustarÃa saber de un paÃs donde hubiesen agotado las existencias de reyes.
¿Para qué decirle a Jim que aquellos no eran reyes ni duques de verdad? Nada bueno hubiera ganado con ello. Y, además, era tal como yo habÃa dicho: no habÃa manera de distinguirlos de los verdaderos.