Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Y en cuanto hubo soltado estas palabras, alguien de los que habÃa entre los allà reunidos entonó el «Gloria Patri» y todo el mundo le coreó con toda su alma, lo que a uno pareció calentarle y darle una sensación de bienestar como si estuviera en la iglesia. La música es una buena cosa y, después de tanta coba y tanta agua de borrajas, nunca la he visto refrescar las cosas tanto ni sonar tan sincera y buena.
Después el rey volvió otra vez a sus llantos y dijo que él y sus sobrinas agradecerÃan que algunos de los más Ãntimos amigos de la familia cenaran con ellos aquella noche y se quedaran a velar al difunto.
Y dijo que si hubiera podido hablar su pobre hermano, allà de cuerpo presente, hubiese nombrado a los que él ya conocÃa, porque sus nombres le eran muy queridos y frecuentemente solÃa nombrarlos en sus cartas, y ahora los iba a nombrar él a continuación, a saber: el reverendo Hobson, el diácono Lot Hovey, mÃster Ben Rucker, y Abner Shackleford, y Levi Bell, y el doctor Robinson, y sus esposas, y la viuda Bartley.
El reverendo Hobson y el doctor Robinson estaban al otro lado del pueblo, cazando juntos. Es decir, el médico estaba embarcando a un enfermo para el otro mundo, y el pastor le estaba dando las instrucciones necesarias para el camino.