Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Tampoco se encontraba el abogado Bell, que estaba en Louisville atendiendo unos asuntos. Pero los demás estaban por allí, de modo que salieron todos y fueron a estrechar la mano del rey y a darle las gracias, y hablaron con él. Después fueron a estrechar la mano del duque y no dijeron nada, limitándose a sonreír y a menear la cabeza como un manojo de idiotas, mientras él hacía toda clase de señas con las manos y decía «Gu-gu… gu-gu-gu» continuamente, como un peque que no sabe hablar.
Y el rey continuó su cháchara y pudo preguntar por casi todas las personas y perros de la población, llamándolos por su nombre, y citando toda clase de incidentes ocurridos en la población, hablando también de cosas que le habían sucedido a Peter o a la familia de George. Y siempre daba a entender que Peter le había contado todo aquello en sus cartas, pero eso era mentira; se las hizo desembuchar al majadero aquel que llevamos al vapor en la canoa.