Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —No hay que discutirlo. El ser hermanos de un hombre rico, muerto, y representantes de herederos extranjeros que han quedado atrás, es la especialidad que nos conviene, Bilge. Este es el resultado de confiar en la providencia. Siempre va bien a la larga. Lo he probado todo y no hay mejor manera.
La mayorÃa de la gente se hubiera contentado con el montón y hubiese confiado en la palabra del difunto, pero ellos no: tenÃan que contarlo. De modo que lo contaron y resultó que faltaban cuatrocientos quince dólares.
Dijo el rey:
—¡Maldita sea su estampa! ¿Qué habrá hecho de esos cuatrocientos quince dólares?
Lo registraron todo, preocupados durante un rato por la falta de aquel dinero. Después dijo el duque:
—Bueno, estaba bastante enfermo y es probable que se equivocara… Seguramente será eso. Lo mejor es dejarlo y callarnos. Podemos permitirnos el lujo de perderlos.