Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Y un cuerno! ¡Claro que podemos permitirnos el lujo de perderlos! Eso es lo que menos me preocupa: lo que hace pensar es la cuenta. Aquà nos interesa ser muy justos y nobles y hacer las cosas a manos limpias. Nos interesa llevarnos este dinero arriba y contarlo ante todo el mundo…; asà no habrá nada sospechoso. Pero, ya que el muerto dice que hay seis mil dólares, no nos interesa…
—Un momento —dijo el duque—, pongamos nosotros lo que falta.
Y empezó a sacar monedas de oro del bolsillo.
—Ésta es una idea magnÃfica duque… Hay que reconocer que usted tiene ingenio —dijo el rey—. Maldito si el Nohaytal no vuelve a sacarnos de apuros otra vez.
Y empezó a sacar monedas de oro y amontonarlas.
Por poco se arruinan, pero completaron los seis mil dólares.
—Oiga —dijo el duque—, tengo una idea. Subamos y contemos el dinero y después lo regalamos a las muchachas.
—¡Vive Dios, duque! ¡Deje que le dé un abrazo! Es la idea más despampanante que se le ha ocurrido jamás a hombre alguno. No cabe duda de que tiene usted la cabeza más maravillosa que he conocido en mi vida. Oh, este es un truco maestro de verdad. Que nos vengan con sospechas ahora… Esto les aplastará.