Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Pues entonces! ¿Cómo puede tomar baños de mar allà si no hay mar?
—Escuche —contesté—. ¿Usted no ha visto nunca agua mineral?
—SÃ.
—Bueno, ¿y tuvo que ir a la mina a buscarla?
—No.
—Bueno, pues Guillermo IV tampoco tiene que ir al mar para tomar baños de mar.
—¿Cómo lo hace, entonces?
—De la misma manera que la gente de aquà se hace con el agua mineral: en barriles. AllÃ, en el palacio de Sheffield, tienen hornos, y él quiere el agua caliente. No pueden hervir tanta agua junto al mar. Les falta lo necesario para ello.
—¡Ah! Ahora comprendo. PodÃas haberlo dicho desde un principio y ahorrado tiempo.
Cuando dijo eso vi que yo ya estaba fuera de apuros, de modo que me sentà tranquilo y contento. A continuación dijo:
—¿Vas tú a la iglesia también?
—SÃ, siempre.
—¿Dónde te sientas?
—Pues en nuestro banco.
—¿En el banco de quién?
—Pues en el nuestro… En el de su tÃo Harvey.
—¿De él? ¿Para qué quiere él un banco?