Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡No! Un criado no es nadie allÃ. Los tratan peor que si fueran perros.
—¿No les dan fiesta, como hacemos nosotros por Nochebuena, la semana de Año Nuevo y el Cuatro de Julio?
—¡Hay que ver! ¡Cómo se ve por eso que usted nunca ha estado en Inglaterra! Pero, Labiopar… pero, Joanna, ¡si no ven una fiesta de año a año! Nunca van al circo, ni al teatro, ni a funciones de negros, ni a ninguna parte.
—¿Ni a la iglesia?
—Ni a la iglesia.
—Pero tú siempre ibas a la iglesia.
La habÃa vuelto a meter. Se me habÃa olvidado que era criado del viejo. Pero enseguida me puse a explicar que un ayuda de cámara no es un criado como cualquier otro y que tenÃa que ir a la iglesia tanto si querÃa como si no, y sentarse con la familia, porque lo exigÃa la ley. Pero no lo hice muy bien, y cuando acabé, vi que no estaba convencida. Dijo:
—Con franqueza, ¿no me estás diciendo una sarta de embustes?
—De veras que no.
—¿Nada de ello es mentira?
—Nada. No hay ni una mentira en ello.
—Pon la mano sobre este libro y dilo.