Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn El rey dedicó la tarde a hacer visitas, haciendo la pelota a todo el mundo y haciéndose muy amigo de todos. Hizo correr la idea de que sus feligreses, allá en Inglaterra, estarían aguardando su regreso con ansiedad, de modo que tenía que apresurarse en liquidar el asunto de la herencia y volver a casa.
Sentía mucho verse con tantas prisas, y lo mismo le pasaba a todo el mundo. Hubieran querido que se quedara más tiempo con ellos, pero dijeron que se hacían cargo de que eso no podía ser. Y dijo que, naturalmente, William y él se llevarían a las muchachas. Eso encantó a todo el mundo también, porque así las muchachas estarían bien y entre gente de la familia.
Y también encantó a las muchachas. Les gustó tanto que no recordaron haber tenido nunca una preocupación en este mundo. Y le dijeron que vendiera todo aquello tan aprisa como quisiera, que ellas estarían preparadas. Aquellas pobres chicas estaban tan contentas y se sentían tan felices que me dolía el corazón de ver cómo las estaban engañando y contándoles mentiras; pero no vi manera de intervenir sin riesgo y hacer cambiar el sentir general.
¡Que me zurzan si el rey no anunció la subasta de la casa, de los negros y de todas las propiedades inmediatamente! La venta debía efectuarse dos días después del entierro, pero cualquiera podía comprar particularmente antes de eso, si quería.