Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Al dÃa siguiente se celebraba la subasta. Ya entrado el dÃa, el rey y el duque subieron al desván y me despertaron y por sus caras comprendà que pasaba algo. El rey dijo:
—¿Estuviste en mi cuarto anteanoche?
—No, majestad.
Era como siempre le llamaba cuando estábamos solos los de la pandilla.
—¿Estuviste allà ayer o anoche?
—No, majestad.
—Palabra de honor… Nada de mentiras.
—Palabra de honor, majestad. Le digo la verdad. No me he acercado a su cuarto desde que la señorita Mary Jane les llevó a usted y al duque para enseñárselo.
El duque dijo:
—¿Has visto entrar aquà a alguna otra persona?
—No, excelencia; que yo recuerde, no.
—Piénsalo un poco.
Pensé unos instantes, vi una oportunidad y dije:
—Pues… vi a los negros que entraban varias veces.
Los dos dieron un salto y pusieron una cara que indicaba claramente que no se esperaban eso, y luego de que sà que se lo esperaban. Dijo el duque:
—¡Cómo! ¿Todos ellos?