Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Cuando empezaron a bajar la escalera, el duque volvió a reÃr, y dijo:
—¡Venta rápida y beneficios pequeños! Es un bonito negocio… ¡Vaya si lo es!
El rey se volvió a él con un rugido:
—Obraba con la mejor intención al vender tan aprisa. Si el beneficio ha resultado nulo, con déficit y sin saldo que arrastrar, ¿tengo yo más culpa que usted?
—Si yo hubiese logrado que se escucharan mis consejos, ellos estarÃan aún en la casa y nosotros no.
El rey contestó con un desplante sin rebasar los lÃmites de la prudencia y después arremetió contra mÃ. Me cantó las cuarenta por no haber ido a contarle que habÃa visto salir a los negros de su cuarto obrando de esa manera, dijo, que cualquier imbécil hubiese comprendido que sucedÃa algo.
Después fue y se maldijo a sà mismo un rato y dijo que todo esto le pasaba por no haber velado y descansado por la mañana y que maldito si volverÃa a hacer semejante cosa. De modo que se fueron despotricando y yo me quedé muy contento de haberles podido cargar el mochuelo a los negros sin haberles perjudicado en absoluto con ello.