Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Bueno —dijo ella—, ahora bajaré a desayunar y después me iré derecha a casa del señor Lothrop.
—No, eso no es lo convenido, señorita Mary Jane —dije—; de ningún modo. Vaya antes de desayunar.
—¿Por qué?
—¿Por qué cree que quiero que se marche, señorita Mary?
—Pues no lo he pensado… y, ahora que lo pienso, no lo sé. ¿Por qué es?
—Pues porque no es usted una de esas personas que tiene cara de palo. Yo no necesito mejor libro que la cara de usted. Uno puede leerla como si fuera letra de molde. ¿Cree usted que podrá afrontar a sus tÃos cuando vayan a saludarla con un beso y no…?
—Bueno, bueno, calla. SÃ, me iré antes de desayunar… lo haré encantada. ¿Y he de dejar a mis hermanas con ellos?