Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Pero, al fin, se acabó la subasta y todo quedó vendido. Todo menos una pequeña parcela del cementerio. De modo que se emperraron en querer liquidar eso… en mi vida he visto avestruz como el rey para querérselo tragar todo. Bueno, pues mientras remataban el asunto, atracó el bote de un vapor y, a eso de los dos minutos, se acercó la muchedumbre chillando, aullando y riendo y armando la gran escandalera en general, y gritando:
—¡Aquí está la oposición! ¡Aquí están los dos juegos de herederos de Peter Wilks!… ¡Pasen, señores, pasen y escojan el que gusten!