Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn UNA LUZ EN LA TORMENTA
Acompañaban a un anciano de aspecto sumamente agradable y a otro más joven, de aspecto agradable también, que llevaba el brazo derecho en cabestrillo. ¡Y Dios Santo!, ¡cómo gritaba la gente, y reÃa, y armaba bulla…! Pero yo no le veÃa la gracia y me parecÃa que el rey y el duque tendrÃan que hacer un gran esfuerzo para encontrarle alguna. Esperaba que se pondrÃan pálidos. Pero no, ellos no palidecieron nada.
El duque hizo como que no sospechaba lo que sucedÃa. Siguió gu-gu-gueando, feliz y satisfecho, como jarra en la que gorgotea suero de manteca. Y por lo que hace al rey, se limitó a contemplar con pena a los dos recién llegados, como si en el fondo del corazón se le revolvieran las tripas al pensar que pudiera haber semejantes impostores y granujas en el mundo.
¡Oh, lo hizo estupendamente! Muchas de las personas más principales se agruparon alrededor del rey para que comprendiera que las tenÃa de su parte. El anciano que acababa de llegar parecÃa completamente desconcertado. Enseguida se puso a hablar, e inmediatamente comprendà que hablaba como un inglés, y no a la manera del rey, aunque la pronunciación del rey era bastante buena para ser de imitación. No puedo poner las palabras exactas del anciano, ni imitar sus maneras, pero se volvió hacia la muchedumbre y dijo algo asÃ: