Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Espere! ¡Un momento, duque!… Contésteme a esta pregunta con entera franqueza. Si no escondió el dinero allÃ, dÃgalo y lo creeré, y retiraré todo lo dicho.
—¡So canalla! ¡No lo hice y bien sabe usted que no lo hice! ¡Vaya!
—Bueno, pues le creo. Pero contésteme a esta otra nada más… y no se ponga furioso. ¿No tenÃa usted la intención de birlar el dinero y esconderlo?
El duque se calló durante un rato, después dijo:
—Mire… me tiene sin cuidado si pensé hacer eso. Después de todo, no lo hice. Pero usted, no solo pensó hacerlo, sino que lo hizo.
—¡Asà me muera si lo he hecho, duque, y esa es la pura verdad! No diré que no iba a hacerlo, porque tenÃa esa intención. Pero usted… quiero decir alguien me tomó la delantera.
—¡Eso es mentira! Lo hizo usted y tiene que decir que lo hizo o le…
El rey empezó a gorgotear y luego boqueó:
—¡Basta!… ¡Lo confieso!
¡Lo que me alegré al oÃrle decir eso! Me hizo sentir mucho más tranquilo de lo que habÃa estado antes. Y el duque le soltó y dijo: