Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Como usted vuelva a negarlo, le ahogo. Está muy bien que esté ahà sentado llorando como un crÃo… le cuadra muy bien después de su conducta. ¡En mi vida he visto avestruz semejante para querérselo tragar todo! ¡Y yo que confiaba en usted como si fuera mi propio padre! Vergüenza tendrÃa que darle estar oyendo cómo les cargaban el mochuelo a unos pobres negros y no haber dicho ni una sola palabra en su defensa. Me siento más que ridÃculo al pensar que fui lo bastante estúpido para creerme esas majaderÃas. ¡Maldita sea su estampa! ¡Ahora comprendo por qué tenÃa tantas ganas de completar lo que faltaba! ¡QuerÃa recoger el dinero que habÃa sacado yo del Nohaytal y de una y otra cosa y largarse con todo!
El rey dijo con timidez, y con voz lacrimosa aún:
—Pero duque, ¡si fue usted el que propuso completar la cantidad y no yo!
—¡Cierre esa boca! ¡No quiero volver a oÃrle chistar! Y ahora, ya ve lo que ha sacado en limpio. Han recobrado todo su dinero y todo el nuestro, quitando un centavo o dos, además. ¡Largo a la cama! ¡Y a mÃ, no me deficita usted más déficit mientras viva!