Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Lo tomó y le hincó el diente para asegurarse de que era bueno, y luego dijo que se iba a la población a comprar whisky, afirmando que en todo el día no había echado un trago. Cuando estuvo sobre el cobertizo, volvió a sacar la cabeza y me maldijo por darme tono y querer ser mejor que él. Y cuando creía que se había marchado, volvió a asomar la cabeza por la ventana y me dijo que no olvidara lo del colegio, porque me espiaría y me daría un palizón, como no lo dejase.
Al día siguiente estaba borracho y fue a ver al juez Thatcher, y le amenazó, e intentó hacerle soltar el dinero; pero no pudo y entonces juró que le obligaría por ley.
El juez y la viuda recurrieron a los tribunales para que me separaran de él y dejaran que uno de ellos fuese mi tutor; pero el juez era nuevo, acababa de llegar, y no conocía a mi padre. Dijo que la intervención de los tribunales no era para separar a las familias si podía evitarse y que prefería no quitarle un hijo a su padre. Así pues, el juez Thatcher y la viuda tuvieron que abandonar el asunto.