Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Pero, criatura! ¡Te lo robarán!
—No donde yo lo he escondido.
—¿Cómo lograste que te dieran el desayuno tan temprano en el barco?
Empezaba a patinar sobre hielo un poco fino, pero dije:
—El capitán me vio rondando por allà y me dijo que mejor serÃa que comiese algo antes de desembarcar. De modo que me llevó a la cámara, a la mesa de oficiales, y me dio todo lo que quise.
Me estaba entrando tanta intranquilidad que no podÃa escuchar bien. Todo el rato pensaba en los crÃos aquellos. QuerÃa cogerlos por mi cuenta y hacerles desembuchar y saber quién era yo. Pero no hubo manera. La señora Phelps siguió hablando a gran velocidad. Al poco rato me hizo sentir escalofrÃos porque dijo:
—Pero no hago más que hablar y aún no me has dicho nada de mi hermana ni de ninguno de ellos. Ahora dejaré descansar mi lengua un rato y ya puedes empezar tú a usar la tuya. Cuéntamelo todo… Háblame de todos ellos… de todos sin excepción. Dime cómo están, y qué hacen, y qué te dijeron que me dijeras, y todo, absolutamente todo lo que se te ocurra.