Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn De modo que lo hizo, y se convenció. Y tanto se alegró de verme que no sabÃa qué hacer. Y enseguida querÃa que se lo contara todo, porque era una gran aventura, y misteriosa, de las que a él le gustan. Pero yo le dije:
—Lo dejaremos para más adelante.
Y le dijimos al que guiaba el carro que esperara, y nos apartamos un poco, y le expliqué el lÃo en que estaba metido, y le pregunté qué era lo que él creÃa que debÃamos hacer. Me dijo que le dejara un momento y que no le molestase. De modo que pensó y al poco rato dijo:
—Ya está, no te apures. Te llevas mi baúl y haces como que es tuyo. Das la vuelta y te entretienes por el camino para estar de regreso a casa a la hora que debieras. Yo retrocederé un poco hacia la población y después volveré otra vez y llegaré a casa un cuarto o media hora después que tú. Y al principio debes hacer como si no me conocieras.
Yo dije:
—Bueno, pero espera un poco. Aún hay más… Algo que solo sé yo. Y es que aquà hay un negro a quien quiero robar para librarle de la esclavitud… Y se llama Jim… el Jim de la señorita Watson.
Él dijo:
—¿Cómo? ¡Pero si Jim es…!
Calló y se puso a pensar. Yo dije: