Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Todos corrieron hacia la puerta delantera, porque, claro, un forastero no llega todos los años, de modo que le gana en interés a la fiebre amarilla cuando llega. Tom ya había saltado la valla y se dirigía a la casa: la carreta se retiraba por la carretera hacia el pueblo y nosotros estábamos todos apiñados a la puerta.

Tom llevaba puesto su traje de tienda y tenía público, lo que siempre era media vida para Tom Sawyer. En esas circunstancias no le costaba ningún trabajo darse la cantidad de tono apropiada. No era muchacho para cruzar aquel patio de manera sumisa, como un cordero, no, señor. Lo cruzó con calma e importancia, como un morueco. Cuando llegó ante nosotros se quitó el sombrero, con gentileza y cuidado, como si fuera la tapa de una caja que contuviera mariposas dormidas y no quisiera turbar su sueño, y dijo:

—El señor Archibald Nichols, si no me equivoco.

—No, muchacho —dijo el anciano—. Siento decirte que te ha engañado el conductor. La casa de Nichols está unas tres millas más abajo… Pasa… pasa…

Tom echó una mirada por encima del hombro, y dijo:

—Demasiado tarde… Ha desaparecido de la vista.

—Sí, se ha ido, muchacho, y tendrás que entrar y comer con nosotros. Después engancharemos y te acompañaremos a casa de Nichols.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker