Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Pareció que a él le herÃan estas palabras, y dijo:
—Me sorprende usted, señora.
—¿Que te sor…? Pero ¿por quién me has tomado tú? Ganas me dan de cogerte y… Oye: ¿qué significa eso de besarme?
Él la miró humildemente, y dijo:
—No significa nada, señora. No lo hice con mala intención. Yo… yo… creà que le gustarÃa.
—¡Mira el majadero!… —exclamó ella, cogiendo la rueca y haciendo, al parecer, titánicos esfuerzos para no atizarle con ella—. ¿Qué te hizo suponer que me gustarÃa?
—Pues no lo sé. Solo que ellos… ellos… me dijeron que sÃ.
—Ellos te dijeron que sÃ. El que te lo dijo es otro que no está bien de la cabeza. En mi vida he visto cosa igual. ¿Quiénes son ellos?
—Pues… ellos… todo el mundo. Todos lo dijeron, señora.
Trabajo le costó contenerse. Y sus ojos echaron relumbres y se le crisparon los dedos como si quisiera arañarle. Y dijo:
—¿Quién es «todo el mundo»? Desembucha sus nombres… o habrá un idiota menos.
Tom se levantó, parecÃa angustiado; empezó a dar vueltas al sombrero, y dijo: