Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Bueno, pues el negro abrió el candado para entrar y lo cerró con llave al salir. Y cuando nos levantábamos de la mesa le dio al tÃo una llave… Apuesto a que es la misma llave. El melón indica hombre; el candado, prisionero. Y no es probable que haya dos prisioneros en una plantación tan pequeña y donde toda la gente es tan bondadosa y buena. Jim es el prisionero. Bueno, me alegro que lo hayamos descubierto a estilo detective. No darÃa un centavo por ningún otro procedimiento. Ahora, caliéntate la cabeza ideando un plan para salvar a Jim y yo haré lo mismo. Después escogeremos el mejor de los dos.
¡Qué cabeza para un niño! Si yo tuviese la cabeza de Tom no la cambiarÃa para ser duque, ni piloto de vapor, ni payaso de circo, ni nada que se me ocurra. Me puse a meditar un plan, pero solo por hacer algo. Ya sabÃa demasiado bien de dónde habÃa de salir el plan bueno. Al poco rato dijo Tom:
—¿Estás preparado?
—Sà —contesté.
—Bueno, pues suéltalo.