Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Mi plan es el siguiente —dije—: primero podemos enterarnos fácilmente si es Jim el que está ahĂ dentro. DespuĂ©s podemos volver a poner a flote mi canoa mañana por la noche e ir a buscar la balsa a la isla. DespuĂ©s, en cuanto se presente la primera noche oscura, le robamos la llave al viejo cuando estĂ© acostado y escapamos rĂo abajo en la balsa, con Jim, escondiĂ©ndonos de dĂa y navegando por la noche, como Jim y yo hacĂamos antes. ÂżNo va bien ese plan?
—¿Ir bien? Claro que va bien, como ratas que se pelean. Pero es demasiado fácil, no cuesta ningĂşn trabajo. ÂżDe quĂ© sirve un plan que no dĂ© más trabajo que este? Es tan flojo como la leche de oca. Pero, Huck, ¡si eso darĂa tan poco que hablar como el asalto a una fábrica de jabĂłn!
No repliquĂ©, porque no me esperaba otra cosa; pero demasiado bien sabĂa yo que cuando Ă©l tuviese preparado el plan suyo, este no tendrĂa ninguno de esos inconvenientes.
Y no los tenĂa. Me lo explicĂł y al punto comprendĂ que valĂa por quince de los mĂos por lo que se refiere a calidad, y que harĂa de Jim un hombre tan libre como mi plan y, además, quizá nos causara la muerte a todos. De modo que quedĂ© satisfecho y dije que pusiĂ©ramos manos a la obra.