Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Pero, Huck! ¡Y Santo Dios! ¿No es ese el señorito Tom?
Ya sabÃa yo que iba a pasar eso, lo esperaba. Yo no sabÃa qué hacer. Y si lo hubiera sabido no habrÃa podido hacerlo. Porque el otro negro saltó:
—Pero… ¿les conoce a ustedes?
Ya podÃamos ver bastante bien. Tom miró fijamente al negro, con ademán de sorpresa, y dijo:
—¿Que nos conoce quién?
—Pues este negro fugitivo.
—No creo que nos conozca; pero ¿qué es lo que le ha hecho pensar eso?
—¿Que qué me ha hecho pensar eso? ¿No ha hablado ahora mismo como si los conociera?
Tom dijo, como intrigado y desconcertado:
—Eso sà que es curioso. ¿Quién ha hablado? ¿Cuándo ha hablado? ¿Qué ha dicho?
Y se volvió a mÃ, con toda la tranquilidad del mundo, y dijo:
—¿Has oÃdo tú hablar a nadie?
Claro está que solo podÃa contestar una sola cosa. De modo que dije:
—¡No! Yo no he oÃdo que nadie dijera nada.
Después se volvió a Jim, y le miró de pies a cabeza, como si le viese por primera vez en su vida, y dijo:
—¿Has hablado tú?