Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Y mientras el negro se acercaba a la puerta a examinar la moneda de diez centavos y darle un mordisco para ver si era buena, le dijo a Jim en un susurro:
—No digas nunca que nos conoces. Y si oyes cavar por la noche, somos nosotros. Vamos a ponerte en libertad.
Jim solo tuvo tiempo para cogernos la mano y darnos un apretón. Después regresó el negro y le dijimos que volverÃamos alguna otra vez si él querÃa que fuésemos. Y él dijo que sÃ, sobre todo si era de noche, porque las brujas le asaltaban principalmente en la oscuridad y era bueno tener gente alrededor.