Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Huck Finn, ¿has oÃdo tú alguna vez que un prisionero tuviese picos, y palas, y toda clase de adelantos modernos en el ropero para poder cavar el camino de su libertad? Y ahora te pregunto, si es que tienes algo de sensatez en tu cuerpo, ¿qué clase de probabilidades le darÃa eso para que resultara un héroe? Tanto valdrÃa que le dejaran la llave y acabaran de una vez. Picos y palas… pero ¡si ni a un rey se los darÃan!
—Pues entonces —dije—, si no queremos picos y palas, ¿qué es lo que queremos?
—Un par de cuchillos grandes.
—¿Para sacar los cimientos de la cabaña con ellos?
—SÃ.
—Eso es absurdo, Tom.
—No importa lo absurdo que sea, es la manera de hacerlo, y es la manera acostumbrada. Y yo no he oÃdo hablar nunca de que haya otra manera, y eso que he leÃdo todos los libros que informan sobre esas cosas. Siempre cavan con un cuchillo grande… y no en tierra, fÃjate bien; generalmente lo hacen a través de roca firme. Y tardan semanas, y semanas, y semanas, y para siempre jamás. Mira, si no, a uno de esos prisioneros de la mazmorra más profunda del castillo de If, en el puerto de Marsella, que pudo fugarse cavando asÃ. ¿Cuánto tiempo crees tú que tardó?
—No lo sé.