Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Adivina.
—No lo sé. ¿Mes y medio?
—Treinta y siete años… y salió en la China. Ésa es la clase de cimientos que conviene. Ojalá los cimientos de esta fortaleza fueran de roca maciza.
—Jim no conoce a nadie en China.
—¿Qué tiene que ver eso con el asunto? Tampoco el otro conocÃa a nadie. Siempre te sales por la tangente. ¿Por qué no procuras no desviarte de la cuestión principal?
—Está bien… A mà no me importa dónde salga, mientras salga, y a Jim tampoco ha de importarle, seguramente. Pero, de todos modos, hay una cosa: Jim es demasiado viejo para que le saquemos cavando con un cuchillo. No durará.
—Sà que durará. Supongo que no creerás que se necesitarán treinta y siete años para socavar unos cimientos de tierra, ¿verdad?
—¿Cuánto tiempo se necesitará, Tom?