Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Cielo santo! ¡Es verdad que no hay más que nueve! —dijo—. Pero, qué diantre… ¡El diablo cargue con ellas! Las contaré otra vez.
Y yo volvà a poner la que tenÃa en la manga, y cuando acabó de contar, dijo:
—¡Malditas sean y cuánta lata dan! ¡Si hay diez ahora!
Y pareció enfadada y al mismo tiempo intrigada. Pero Tom dijo:
—Pues mira, tÃa, a mà me parece que no hay diez.
—Pero ¿no me has visto contarlas, cabezota?
—Ya lo sé, pero…
—Bueno, pues las volveré a contar.
De modo que volvà a escamotear una y le salieron nueve, igual que la primera vez. ¡Cómo se puso! Esta vez temblaba de pies a cabeza de tan furiosa como estaba. Pero contó y volvió a contar hasta que se armó tal enredo, que a veces hasta contaba el cesto como si fuese una cuchara. Y la cuenta le salió bien tres veces, y mal otras tres. Entonces cogió la cesta, la tiró al otro extremo del cuarto e hizo blanco en el gato, que salió disparado. Y nos gritó que nos fuéramos y que la dejásemos tranquila de una vez y que si volvÃamos a molestarla antes de la hora de comer nos desollarÃa vivos.