Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Conseguimos un estupendo surtido de arañas, insectos de todas clases, ranas, orugas y yo qué sé las cosas. Y hubiéramos querido conservar un nido de avispas, pero no pudimos. La familia estaba en casa. No nos rendimos enseguida, porque nos dijimos que las cansarÃamos a ellas o nos cansarÃan ellas a nosotros. Bueno, pues nos cansaron ellas. Cogimos un ungüento para aliviar el dolor y nos lo frotamos por donde nos habÃan picado y no tardamos en estar casi bien otra vez; pero no podÃamos sentarnos a nuestras anchas.
Fuimos a buscar serpientes y atrapamos como un par de docenas de especies no venenosas, y las pusimos en un saco, y las guardamos en nuestro cuarto, pero entonces era la hora de cenar y habÃamos tenido un buen dÃa de trabajo. ¡Y qué hambre tenÃamos!
Cuando volvimos arriba ya no habÃa ni una serpiente. Se conoce que no habÃamos atado bien el saco y se nos habÃan escabullido. Pero no importaba gran cosa. Aún debÃan de estar rondando por la casa, de modo que alguna volverÃamos a pillar otra vez.
En efecto, no faltaron en casa las culebras durante una temporada. De vez en cuando se descolgaban de las vigas o de algún otro sitio. Y por regla general, aterrizaban en el plato de uno, o sobre la mesa, y la mayorÃa de las veces por donde uno no querÃa encontrarlas.