Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Teníamos nuestra paliza cada vez que una de las serpientes se cruzaba en su camino, y decía que las palizas aquellas no eran nada comparado con lo que haría como volviéramos a atiborrar la casa de ellas. A mí no me importaban las zurras, porque no eran gran cosa; pero sí que me importaban las fatigas que pasamos para reunir otra remesa.
Sin embargo, conseguimos reunirlas, y todas las demás cosas también, y nunca se vio cabaña más alegre y animada que la de Jim cuando salían todos los bichos a escuchar la música y se le echaban encima. A Jim no le gustaban las arañas y a las arañas no les gustaba Jim, de modo que le acechaban y le hacían la vida imposible.