Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Y él decía que entre las ratas, las serpientes y la muela, apenas tenía sitio en la cama. Y cuando lo tenía, ni se podía dormir, tanta era la animación. Y animación no faltaba nunca, según él, porque ellas nunca dormían todas al mismo tiempo, sino que hacían relevos. De modo que cuando las culebras se dormían, las ratas salían a cubierta, y cuando las ratas se iban, entraban de guardia las culebras; de modo que siempre tenía una cuadrilla debajo, haciéndole la pascua, mientras otra cuadrilla hacía circo encima de él. Y si se levantaba para buscar otro sitio, las arañas le atacaban al paso. Dijo que si llegaba a salir de allí algún día, jamás volvería a ser prisionero otra vez, aunque le dieran un sueldo.
Bueno, pues cuando ya habían pasado tres semanas, todo iba bastante bien. Pronto se le mandó la camisa, dentro de un pastel, y, cada vez que una rata le mordía, Jim se levantaba y escribía un poco de su diario mientras la tinta estaba fresca. Las plumas estaban hechas; las inscripciones y demás, grabadas en la muela; la pata de la cama, aserrada, y nos habíamos tragado el serrín, y menudos retortijones tuvimos. Creímos que íbamos a morir todos, pero no fue así. Era el serrín más indigesto que en mi vida he visto. Y Tom dijo lo mismo.