Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Y podemos pasarnos con ella también. Ve al sótano y cógela. Y después baja por el pararrayos y vente. Yo iré a meter la paja en la ropa de Jim para que represente a su madre disfrazada y estaré preparado para balar como una oveja y largarme asà que tú llegues allÃ.
De modo que él salió y yo bajé al sótano. El cacho de mantequilla, tan grande como un puño, estaba donde lo habÃa dejado. Cogà la rebanada de pan de maÃz con ella encima, apagué mi vela y empecé a subir la escalera con mucho tiento. Llegué a la planta baja sin ninguna dificultad, pero de pronto apareció tÃa Sally con una vela, y puse la mantequilla y el pan en el sombrero y me lo encasqueté todo en la cabeza, y un segundo después me vio, y dijo:
—¿Has estado en el sótano?
—SÃ, señora.
—¿Qué hacÃas allÃ?
—Nada.
—¡Nada!
—SÃ, señora.
—Pues entonces, ¿cómo se te ha ocurrido bajar ahà a estas horas de la noche?
—No lo sé.
—¿Que no lo sabes? No me contestes asÃ, Tom. Quiero saber lo que has estado haciendo ahà abajo.