Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —A tu lado. Puedes tocarle con solo alargar el brazo. Está vestido y todo a punto. Ahora saldremos y daremos la señal del balido.
Pero entonces oÃmos pasos de hombres que se acercaban a la puerta y el ruido que hacÃan al tocar el candado. Y uno dijo:
—Os dije que llegarÃamos demasiado pronto. No han venido… La puerta está cerrada con llave. Escuchadme: unos cuantos os encerráis en la cabaña y podéis esperarles en la oscuridad y matarles cuando lleguen. Los demás os repartÃs por ahà y escucháis a ver si los oÃs venir.
De modo que entraron, pero no pudieron vernos en la oscuridad y por poco nos pisan cuando corrÃamos a meternos debajo de la cama. Pero pudimos hacerlo y salir rápidamente por el agujero sin hacer ruido; Jim primero, yo después y Tom el último, lo que estaba de acuerdo con las órdenes de Tom. Ahora estábamos en el cobertizo y oÃmos pasos muy cerca, fuera. De modo que nos deslizamos hasta la puerta y Tom nos paró allà y acercó el ojo a una rendija, pero no pudo distinguir nada, tan oscuro estaba todo.