Las aventuras de Huckleberry Finn

Las aventuras de Huckleberry Finn

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Yo sabía que Jim tenía unos sentimientos muy nobles y esperaba que dijese lo que dijo, de modo que ya estaba decidido y le dije a Tom que iba a buscar a un médico. Armó la gran escandalera, pero Jim y yo nos mantuvimos en nuestros trece y no quisimos ceder. De modo que quiso salir del cobertizo arrastrándose y desamarrar él mismo la almadía, pero no le dejamos. Entonces nos soltó una bronca, pero no ganó nada.

Entonces, cuando me vio preparando la canoa, dijo:

—Bueno, pues ya que has de ir, te diré lo que has de hacer cuando llegues al pueblo. Cierra la puerta y véndale al médico los ojos bien fuerte y hazle jurar que guardará el secreto, y ponle una bolsa llena de oro en la mano, y después lo coges y le llevas por todas las callejuelas y todo eso en la oscuridad, y después lo traes aquí en canoa, dando un rodeo por entre las islas, y regístrale y quítale la tiza y no se la des hasta que le tengas otra vez en el pueblo; si no marcará con tiza la balsa para poder encontrarla de nuevo. Es lo que hacen todos.

Así dije que lo haría, y me fui, y Jim había de esconderse en el bosque cuando viera llegar al médico hasta que se hubiese marchado.


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