Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —¡Y a esto le llaman gobierno! Pero ¡si no hay más que mirarle para saber lo que es! Ahà tienes a la ley preparada para quitarle un hijo a su padre… su propio hijo que tantos sacrificios, tantos cuidados y tantos gastos le ha costado criar. SÃ, y cuando ese padre ha criado por fin a su hijo y le tiene preparado para ponerse a trabajar y hacer algo por él y que pueda él descansar, la ley va y se lo lleva. ¡Y a eso le llaman gobierno! Y eso no es todo. La ley respalda al juez Thatcher y le ayuda a quedarse con lo que es mÃo. Verás lo que hace la ley. La ley coge a un hombre que vale de seis mil dólares para arriba y le enchirona en una ratonera de cabaña vieja como esta, y le deja andar por ahà con un traje que no es digno ni de un cerdo. ¡A eso le llaman gobierno! Uno no puede conseguir que se reconozcan sus derechos con un gobierno como este. A veces me dan ganas de marcharme del paÃs para siempre. SÃ, y se lo dije. Se lo dije en las mismÃsimas barbas del propio Thatcher. Mucha gente me oyó y puede repetir lo que dije. Digo, dije: por dos centavos me irÃa de este maldito paÃs y no volverÃa a acercarme a él. Dije estas mismas palabras. Digo, dije: ved mi sombrero, si es que vosotros lo llamáis sombrero, pero se levanta la tapa y el resto me encaja hasta los hombros y, además, bien mirado no es un sombrero; más parece como si hubiese metido la cabeza en el tubo de una estufa. Fijaos, dije. ¡Mira que llevar yo un sombrero asÃ! ¡Yo, uno de los hombres más ricos de la población si se me reconocieran los derechos!