Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn Encontré un buen sitio entre las hojas y me senté en un tronco comiendo pan, mirando al barco muy contento. Y, de pronto, se me ocurrió una cosa. Me dije: «Supongo que la viuda, o el cura o alguien rezará para que este pan me encuentre y he aquà que me ha encontrado. De modo que no cabe la menor duda de que hay algo de verdad en eso de echar panes al agua. Es decir, hay algo de verdad cuando la persona que reza es la viuda o el cura; pero no reza conmigo y supongo que solo rezará para la gente decente».
Encendà la pipa, fumé un buen rato y seguà mirando. El barco flotaba con la corriente y pensé que podrÃa ver quién iba a bordo cuando llegara, porque se acercarÃa a la orilla por el sitio en que lo habÃa hecho el pan. Cuando estuve bastante próximo, apagué la pipa y me acerqué hasta donde habÃa pescado el pan y me tumbé detrás de un tronco en un pequeño claro. PodrÃa mirar por la bifurcación del tronco.
Al poco rato pasó tan cerca que hubieran podido tender una plancha y desembarcar. Casi todo el mundo estaba a bordo. Papá, el juez Thatcher, Bessie Thatcher, Harper, Tom Sawyer, su tÃa Polly y Sid y Mary y muchos más.
Todo el mundo hablaba del asesinato, pero el capitán les interrumpió y dijo: