Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn —Pues debes de estar casi muerto de hambre, ¿no?
—Creo que me atreverÃa a comerme un caballo. ¡Vaya si lo creo! ¿Cuánto tiempo llevas tú en la isla?
—Desde la noche en que me asesinaron.
—¡Qué me dices! Pues, ¿de qué te has alimentado? Pero ¿tienes escopeta? ¡Ah, sÃ! Perfectamente. Ahora, ve a matar algo y yo arreglaré al fuego.
Nos acercamos a donde estaba la canoa y, mientras él encendÃa otro fuego en un sitio abierto, cubierto de hierba, entre los árboles, yo saqué harina de maÃz, tocino, café, cafetera, sartén, azúcar y tazas de hojalata y el negro se quedó un poco pasmado, convencido de que todo era arte de magia. Pesqué un barbo bastante gordo también y Jim lo limpió con su navaja y lo frió.
Cuando estuvo preparado el desayuno, nos echamos en la hierba y nos lo comimos muy caliente. Jim se atracó con toda su alma, porque estaba casi muerto de hambre. Luego, una vez estuvimos bastante saciados, dejamos de comer e hicimos el vago.
Al cabo de un rato, Jim dijo:
—Escucha, Huck: ¿a quién mataron en esa cabaña si no fue a ti?