Las aventuras de Huckleberry Finn
Las aventuras de Huckleberry Finn »Finalmente vi una luz que doblaba la curva, de modo que me metà en el agua y empujé un tronco delante, nadando hasta más de la mitad del rÃo. Me estuve entre la madera que flotaba a la deriva, agaché la cabeza y nadé contra la corriente hasta que llegó la balsa. Entonces nadé hacia la popa y me agarré. Se ocultó la luna y durante un rato hubo bastante oscuridad. Me subà a la balsa y me eché encima de las tablas. Los tripulantes se agrupaban todos en el centro, donde estaba la luz. El rÃo iba de crecida y habÃa una buena corriente; asÃ, calculé que a las cuatro de la mañana estarÃa a veinticinco millas rÃo abajo y que entonces me echarÃa al agua, antes de que amaneciera, nadarÃa hasta tierra y me internarÃa por el lado de Illinois.
»Pero no tuve ni un tanto asà de suerte. Cuando casi habÃamos llegado a la isla, un hombre empezó a acercarse a popa con la linterna. Comprendà que no debÃa esperar más y me tiré al rÃo y nadé hacia la isla. Bueno, pues me habÃa parecido que podrÃa subir a tierra casi en cualquier lado; pero no pude: la ribera era demasiado escarpada. Antes de encontrar un sitio bueno llegué casi al otro extremo de la isla. Me metà en el bosque y decidà no andar más con balsas mientras movieran tanto la linterna. En la gorra tenÃa la pipa, una pastilla de tabaco y unas cerillas, y no se habÃan mojado; por ese lado estaba bien.